Mi obsesión por las nubes, volemos juntos

¿Nunca te recostaste en el pasto cuando eras pequeño, solo para mirar las nubes y encontrar formas en ellas? Yo sí. Y ahora que lo pienso, tengo una rara obsesión por las nubes. No me había percatado con anterioridad, pero cuando reviso las fotos que tomo con mi celular o cámara, me doy cuenta de que mi Instagram está lleno de ellas.





Mi obsesión por las nubes, un mal romántico

Cuando vives en una ciudad pequeña y libre de contaminación, mirar al cielo, ver las estrellas y encontrar figuras en las formaciones de vapor es parte de la cotidianidad. Caballos, monstruos, unicornios, soles, cualquier imagen que quieras está ahí, esperando a ser descubierta, ser fotografiada o, simplemente ser admirada. Dejarnos llevar por la naturaleza y buscar grandeza en objetos simples es lo que le da sentido a la vida. ¿O no?

Así pues, pasé muchos años buscando alcanzar el cielo, lo cual sucedió cuando viajé por primera vez en avión (mi destino fue Mérida, Yucatán) y grabé como instantáneas de vida esos algodones gigantes en la parte más profunda de mi mente y de mi ser.

Romperlas con la velocidad; ver todas las formas que pueden tener, contemplarlas llenas de gotas de lluvia a punto de reventar… definitivamente es lo más cerca que he estado de ellas. ¡Cómo quisiera tocarlas!

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Desde el aire o desde tierra firme

Pero no sólo estando en el aire se pueden apreciar con facilidad. Desde tierra firme también podemos ser parte de ellas, envolviéndonos en una ensoñación y admirándolas cuando se hacen presentes.

En la Ciudad de México no siempre el cielo es bueno con los capitalinos, pero cuando el clima está despejado, no hay mayor maravilla que contemplarlas durante un momento, o quizá durante horas. Así es mi obsesión por las nubes.

Durante el camino a casa, al trabajo o a cualquier punto que el viento nos lleve, siempre se agradece echar un vistazo y develar los secretos que las nubes tienen para nosotros. Probablemente tengan un mensaje oculto que solo podrá ser descubierto si se observa una y otra vez. No lo sé. A lo mejor quieren decirme algo.

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Pero ya sea inquietas, tranquilas, pensantes, relajadas, pequeñas, con frío, con lluvia. No importa cómo se presenten ante nuestros ojos, sino lo que cada quien interpreta de las nubes y el significado que le damos en nuestra vida.

Pueden ser únicamente formaciones de agua y vapor; para otros podrán valer más que un vigilante desde lejos. Incluso podemos adivinar su estado de ánimo: si son pequeñas y separadas, va a llover. Si son grandes están ahí para divertirse con nosotros, para hacer de ello nuestra obsesión por las nubes.

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Cómplices en tus fotos

Las nubes también sirven para enmarcar escenarios. ¿Qué sería de una foto viendo al cielo sin un cielo estampado de ellas? ¿Dónde quedarían nuestras tradiciones sin que inunden la vista como lunares de lo imposible?
Las nubes son fundamentales, esconden murmullos de agua y viento que las deforman y las vuelven a juntar en un vaivén. Pueden parecer de dulce, dan ganas de comerlas, de morderlas, de abrazarlas.
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Han sido también inspiración para aparecer en canciones, poemas, pensamientos o publicaciones de algunos sitios que centran su atención en esas nubes de tamaños y proporciones irregulares. Paso mucho tiempo mirándolas e imaginando qué sería vivir allá en lo alto, dejándome llevar tan solo por su esplendor. Así pues, mi obsesión por las nubes no cesa.

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¿Y tú en qué piensas cuando ves las nubes?




Autor entrada: Malviajada

2 comentarios sobre “Mi obsesión por las nubes, volemos juntos

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